miércoles, 30 de septiembre de 2009

SE ACERCA EL ANIVERSARIO DE FUNDACION DEL OPUS DEI Y NOS ACERCAMOS A SU MENSAJE CENTRAL



“Dios no te arranca de tu ambiente”

Dios no te arranca de tu ambiente, no te remueve del mundo, ni de tu estado, ni de tus ambiciones humanas nobles, ni de tu trabajo profesional... pero, ahí, ¡te quiere santo! (Forja, 362)
Convenceos de que la vocación profesional es parte esencial, inseparable, de nuestra condición de cristianos. El Señor os quiere santos en el lugar donde estáis, en el oficio que habéis elegido por los motivos que sean: a mí, todos me parecen buenos y nobles –mientras no se opongan a la ley divina–, y capaces de ser elevados al plano sobrenatural, es decir, injertados en esa corriente de Amor que define la vida de un hijo de Dios. (...).
Hemos de evitar el error de considerar que el apostolado se reduce al testimonio de unas prácticas piadosas. Tú y yo somos cristianos, pero a la vez, y sin solución de continuidad, ciudadanos y trabajadores, con unas obligaciones claras que hemos de cumplir de un modo ejemplar, si de veras queremos santificarnos. Es Jesucristo el que nos apremia: vosotros sois la luz del mundo (Mt V, 14-16). (Amigos de Dios, nn. 59-61) [Subir]

sábado, 26 de septiembre de 2009

DOMINE SI VIS POTES ME MUNDARE, SEÑOR, SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME, "VOLO, MUNDARE", QUIERO QUEDA LIMPIO



Por el Sacerdote: Francisco Fernández Carvajal


LA LEPRA DEL PECADO

— El Señor viene a curar nuestros males más profundos. Curación de un leproso.

— La lepra, imagen del pecado. Los sacerdotes perdonan los pecados in persona Christi.

— Apostolado de la Confesión.

I. La curación de un leproso que narra el Evangelio de la Misa1 debió de conmover mucho a las gentes y fue objeto frecuente de predicación en la catequesis de los Apóstoles. Así nos lo hace ver el hecho de ser recogido con tanto detalle por tres Evangelistas. De ellos, San Lucas precisa que el milagro se realizó en una ciudad, y que la enfermedad se encontraba ya muy avanzada: estaba todo cubierto de lepra2, nos dice.

La lepra era considerada entonces como una enfermedad incurable. Los miembros del leproso eran invadidos poco a poco, y se producían deformaciones en la cara, en las manos, en los pies, acompañadas de grandes padecimientos. Por temor al contagio, se les apartaba de las ciudades y de los caminos. Como se lee en la Primera lectura de la Misa3, se les declaraba por este motivo legalmente impuros, se les obligaba a llevar la cabeza descubierta y los vestidos desgarrados, y habían de darse a conocer desde lejos cuando pasaban por las cercanías de un lugar habitado. Las gentes huían de ellos, incluso los familiares; y en muchos casos se interpretaba su enfermedad como un castigo de Dios por sus pecados. Por estas circunstancias, extraña ver a este leproso en una ciudad. Quizá ha oído hablar de Jesús y lleva tiempo buscando la ocasión para acercarse a Él. Ahora, por fin, le ha encontrado y, con tal de hablarle, incumple las tajantes prescripciones de la antigua ley mosaica. Cristo es su esperanza, su única esperanza.

La escena debió de ser extraordinaria. Se postró el leproso ante Jesús, y le dijo: Señor, si quieres puedes limpiarme. Si quieres... Quizá se había preparado un discurso más largo, con más explicaciones..., pero al final todo quedó reducido a

esta jaculatoria llena de sencillez, de confianza, de delicadeza: Si vis, potes me mundare, si quieres, puedes... En estas pocas palabras se resume una oración poderosa. Jesús se compadeció; y los tres Evangelistas que relatan el suceso nos han dejado el gesto sorprendente del Señor: extendió la mano y le tocó. Hasta ahora todos los hombres habían huido de él con miedo y repugnancia, y Cristo, que podía haberle curado a distancia –como en otras ocasiones–, no solo no se separa de él, sino que llegó a tocar su lepra. No es difícil imaginar la ternura de Cristo y la gratitud del enfermo cuando vio el gesto del Señor y oyó sus palabras: Quiero, queda limpio.

El Señor siempre desea sanarnos de nuestras flaquezas y de nuestros pecados. Y no tenemos necesidad de esperar meses ni días para que pase cerca de nuestra ciudad, o junto a nuestro pueblo... Al mismo Jesús de Nazaret que curó a este leproso le encontramos todos los días en el Sagrario más cercano, en la intimidad del alma en gracia, en el sacramento de la Penitencia. «Es Médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma. Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres –y Tú quieres siempre–, puedes curarme. Tú conoces mi flaqueza; siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades. Y le mostramos sencillamente las llagas; y el pus, si hay pus»4; todas las miserias de nuestra vida.

Hoy debemos recordar que las mismas flaquezas y debilidades pueden ser la ocasión para acercarnos más a Cristo, como le ocurrió a este leproso. Desde aquel momento sería ya un discípulo incondicional de su Señor. ¿Nos acercamos nosotros con estas disposiciones de fe y de confianza a la Confesión? ¿Deseamos vivamente la limpieza del alma? ¿Cuidamos con esmero la frecuencia con que hayamos previsto recibir este sacramento?

II. Los Santos Padres vieron en la lepra la imagen del pecado5 por su fealdad y repugnancia, por la separación de los demás que ocasiona... Con todo, el pecado, aun el venial, es incomparablemente peor que la lepra por su fealdad, por su

repugnancia y por sus trágicos efectos en esta vida y en la otra. «Si tuviésemos fe y si viésemos un alma en estado de pecado mortal, nos moriríamos de terror»6. Todos somos pecadores, aunque por la misericordia divina estemos lejos del pecado mortal. Es una realidad que no debemos olvidar; y Jesús es el único que puede curarnos; solo Él.

El Señor viene a buscar a los enfermos, y Él es quien únicamente puede calibrar y medir con toda su tremenda realidad la ofensa del pecado. Por eso nos conmueve su acercamiento al pecador. Él, que es la misma Santidad, no se presenta lleno de ira, sino con gran delicadeza y respeto. «Así es el estilo de Jesús, que vino a dar cumplimiento, no a destruir.

»Al sanar, al curar de la lepra, el Señor realiza grandes signos. Estos signos servían para manifestar la potencia de Dios ante las enfermedades del alma: ante el pecado. La misma reflexión se desarrolla en el Salmo responsorial, que proclama precisamente la bienaventuranza del perdón de los pecados: Dichoso el que ha sido absuelto de su culpa... (Sal 31, 1). Jesús sana de la enfermedad física, pero al mismo tiempo libera del pecado. Se revela de esta forma como el Mesías anunciado por los Profetas, que tomó sobre Sí nuestras enfermedades y asumió nuestros pecados (cfr. Is 53, 3-12) para liberarnos de toda enfermedad espiritual y material (...). Así, pues, un tema central de la liturgia de hoy es la purificación del pecado, que es como la lepra del alma»7.

Jesús nos dice que ha venido para eso: para perdonar, para redimir, para librarnos de esa lepra del alma, del pecado. Y proclama su perdón como signo de omnipotencia, como señal de un poder que solo Dios mismo puede ejercer8. Cada Confesión es expresión del poder y de la misericordia de Dios; los sacerdotes ejercitan este poder no en virtud propia, sino en nombre de Cristo –in persona Christi–, como instrumentos en manos del Señor. «Jesús nos identifica de tal modo consigo en el ejercicio de los poderes que nos confirió –decía Juan Pablo II a los sacerdotes–, que nuestra personalidad es como si desapareciese delante de la suya, ya que Él es quien actúa por medio de nosotros (...). Es el propio Jesús

quien, en el sacramento de la Penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: Tus pecados te son perdonados»9. Oímos a Cristo en la voz del sacerdote.

En la Confesión nos acercamos, con veneración y agradecimiento, al mismo Cristo; en el sacerdote debemos ver a Jesús, el único que puede sanar nuestras enfermedades. «―Domine!‖ –¡Señor!–, ―si vis, potes me mundare‖ si quieres, puedes curarme.

»—¡Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! —No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: ―volo, mundare!‖ —quiero, ¡sé limpio!»10. Jesús nos trata con suprema delicadeza y amor cuando más necesitados nos encontramos a causa de las faltas y pecados.

III. Hemos de aprender de este leproso: con su sinceridad se pone delante del Señor, e hincándose de rodillas11 reconoce su enfermedad y pide que le cure.

Le dijo el Señor al leproso: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Nos imaginamos la inmensa alegría del que hasta ese momento era leproso. Tanto fue su gozo que, a pesar de la advertencia del Señor, comenzó a proclamar y divulgar por todas partes la noticia del bien inmenso que había recibido. No se pudo contener con tanta dicha para él solo, y siente la necesidad de hacer partícipes a todos de su buena suerte.

Esta ha de ser nuestra actitud ante la Confesión. Pues en ella también quedamos libres de nuestras enfermedades, por grandes que pudieran ser. Y no solo se limpia el pecado; el alma adquiere una gracia nueva, una juventud nueva, una renovación de la vida de Cristo en nosotros. Quedamos unidos al Señor de una manera particular y distinta. Y de ese ser nuevo y de esa alegría nueva que encontramos en cada Confesión hemos de hacer partícipes a quienes más apreciamos, y a todos. No nos debe bastar el haber encontrado al Médico, debemos hacer llegar la noticia, a través de nuestro apostolado personal, a muchos que no saben que están enfermos o que piensan que sus males son incurables. Llevar a muchos a la Confesión es uno

de los grandes encargos que Cristo nos hace en estos momentos en que verdaderas multitudes se han alejado de aquello que más necesitan: el perdón de sus pecados.

En ocasiones, tendremos que comenzar por una catequesis elemental, aconsejándoles quizá libros de fácil lectura y explicándoles, con un lenguaje que entiendan, los puntos fundamentales de la fe y de la moral. Les ayudaremos a ver que su tristeza y su vacío interior provienen de la ausencia de Dios en sus vidas. Con mucha comprensión les facilitaremos incluso el modo de hacer un examen de conciencia profundo, y les animaremos a que acudan al sacerdote, quizá el mismo con el que nosotros nos confesamos habitualmente, a que sean sencillos y humildes y cuenten todo lo que les aleja del Señor, que les está esperando. Nuestra oración, el ofrecer por ellos horas de trabajo y alguna mortificación, el confesarnos nosotros mismos con la frecuencia que tengamos prevista, atraerá de Dios nuevas gracias eficaces para esas personas que deseamos se acerquen al sacramento, a Cristo mismo.

Aquel día fue inolvidable para el leproso. Cada encuentro nuestro con Cristo es también inolvidable, y nuestros amigos, a quienes hemos ayudado en su caminar hasta Dios, jamás olvidarán la paz y la alegría de su encuentro con el Maestro. Y se convertirán a su vez en apóstoles que propagan la Buena Nueva, la alegría de confesarse bien. Nuestra Madre Santa María nos concederá, si acudimos a Ella, el gozo y la urgencia de comunicar los grandes bienes que el Señor –Padre de las Misericordias– nos ha dejado en este sacramento.

1 Mc 1, 40-45. — 2 Lc 5, 12. — 3 Lev 13, 1-2; 44-46. — 4 SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 93. — 5 Cfr. SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre San Mateo, 25, 2. — 6 SANTO CURA DE ARS, citado por Juan XXIII en Carta Sacerdotii nostri primordia. — 7 JUAN PABLO II, Homilía 17-II-1985. — 8 Cfr. Mt 9, 2 ss. — 9 JUAN PABLO II, Homilía en el estadio de Maracaná, Río de Janeiro, 2-VII-1980. — 10 SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 142. — 11 Mc 1, 40.

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿por que hay tantos Santos en el Peru?




ALTAR DE LOS SANTOS PERUANOS

San Juan Macías

Por Carmen Meza Ingar

Abogada

Muchos peregrinos llegan a Lima buscando los lugares donde vivió Juan Macías –el amigo de San Martín de Porres– y, asimismo, donde está su glorioso cuerpo. Sabemos que él se encuentra en el altar de los Santos Peruanos, Basílica del Rosario, Convento de Santo Domingo.

La Iglesia celebra a Juan Macías el 18 de setiembre. Se le conoce con su canasta de pan porque, habiendo nacido en Rivera del Fresno, Extremadura, vino a Lima a buscar a los sencillos, a los más pobres, a los que tenían necesidad.

Como huérfano de una familia hidalga, aunque pobre, estuvo al cuidado de sus tíos, pero cuidaba cerdos. Se sabe que, siendo niño, se le cayó un chanchito, pero como él rezaba, San Juan le ayudó a llenar el pozo y el chanchito salió flotando.

Siendo mayor, quiso ser misionero y venir a América, pero no a buscar riquezas, sino almas, en su afán de enseñar la doctrina cristiana. Llegó a Lima en 1620 y trabajó en la entonces propiedad de Juan Jiménez Penacho, en lo que hoy es la Alameda de los Descalzos. Esa linda casona con patios, claustros y arcadas del siglo XVII es hoy la Casa del Patrocinio y está a cargo de las Madres Dominicas desde 1937.

Juan Macías fue muy amigo de Martín, ambos eran hermanos legos. Martín en Santo Domingo y Juan en Santa María Magdalena, hoy, La Recoleta. De allí salía en un borriquillo a recorrer la ciudad ejerciendo su vocación de cooperador dominico. Hizo tantos milagros que el papa Gregorio XVI beatificó a los dos amigos, Martín y Juan, el 29 de octubre de 1837.

En 1939, al cumplirse tres siglos de la muerte de San Martín de Porres, la Municipalidad de Lima quiso rendir homenaje al beato limeño cambiando la urna de madera por una de bronce, pero al encontrar otra urna al lado, la de Juan, rechazaron el pedido. Con un recurso de reconsideración, se aprobó el homenaje por aclamación.

Ambos hermanitos legos tienen muchos devotos por los milagros que Dios hace ante la intercesión de estas almas gemelas. En el siglo XX, 1949, en tierra de Juan, Olivenza, Rivera del Fresno, ocurrió el milagro del arroz, cuando faltaba comida que daban los domingos después de misa. La cocinera, Leandra Revollo, cocinó un puñado de arroz y le pidió ayuda a Juan. Al servir los platos, la olla seguía llena. Comieron más de cien personas y seguía llena la olla.

Pablo VI canonizó a Juan Macías delante de millares de peruanos y de españoles en 1975. Preguntó: ¿Por qué el Perú tiene tantos santos? Recordó a Santa Rosa, San Martín, San Francisco Solano, Santo Toribio de Mogrovejo, al Padre Urraca, al Padre Del Castillo, quien inició la práctica piadosa de las Siete Palabras, al Padre Camacho, hospitalario que se encuentra en la capilla de la Virgen de la Paz, en la Catedral de Lima. Es que el Perú es un país que reza.

jueves, 17 de septiembre de 2009

RATZINGER: "SACERDOTES DEBEN PERMANECER ALEJADOS DE LA POLITICA"

El papa Benedicto XVI dijo hoy que los sacerdotes deben "permanecer alejados" de la política para favorecer la unidad y la comunión de todos los fieles, a la vez que reiteró el valor del celibato y pidió a los obispos que se "esfuercen" para que se despierten nuevas vocaciones sacerdotales.
El Pontífice hizo estas manifestaciones en el discurso que dirigió en la residencia de verano de Castel Gandolfo a los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil Noreste 2 (que incluye a las provincias eclesiásticas de Olinda y Recife, Maceio y Natal), que se encuentran en visita "Ad limina Apostolorum", la que están obligados a realizar al Papa todos los prelados del mundo cada cinco años.
Tras resaltar la labor de la Iglesia en esas zonas de Brasil, el Papa dijo que hay que evitar "la secularización de los sacerdotes y la clericalización de los laicos".
"En esa perspectiva, los laicos deben comprometerse en política, mientras que los sacerdotes deben permanecer alejados de un compromiso político, con el objetivo de fomentar la unidad y la comunión de todos los creyentes, para que puedan ser un punto de referencia", agregó.
El Obispo de Roma señaló que hay que fomentar esa conciencia entre los sacerdotes y los laicos para que cada uno sepa cual es su papel, a la vez que animó a los laicos a tener un papel más activo dentro de la Iglesia.
El Pontífice se refirió también a la falta de sacerdotes y dijo que aunque la labor de los laicos es muy importante no se debe olvidar el papel del sacerdote "que es esencial e insustituible para la proclamación de la Palabra y la celebración de los sacramentos, especialmente la Eucaristía".
Benedicto XVI animó a los prelados a "no resignarse" ante la falta de sacerdotes.
"En la situación actual en la que estáis obligados a organizar la vida eclesial con pocos presbíteros es importante evitar que esa situación sea considerada normal o típica en el futuro. Debéis concentrar los esfuerzos para despertar nuevas vocaciones para el sacerdocio y encontrar los pastores necesarios para vuestras diócesis", manifestó.
El Papa Ratzinger reiteró el valor del celibato, que dijo debe vivirse como un "don, una entrega" y exhortó a los obispos a vivir con coherencia la vida sacerdotal. EFE

AVE MARIA GRATIA PLENA, DOMINUS TECUM

http://groups.msn.com/CRISTOAMIGO60893 Fundado el 6 el Agosto en la Fiesta de la Transfiguración del Señor a la fecha, 15 años después muchos perseveran en ese CAMINO VERDAD Y VIDA. A casi un mes de su celebración esperamos la acogida de todos. Saludos